Despilfarro en finanzas públicas

Para quienes no desean ver la realidad que nos acompaña, o bien viven enclaustrados en el “mundo de Bilz y Pap”, el estudio del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), en el que se declara que como nación estamos fuera de los tres países de Latinoamérica que encabezan los despilfarros fiscales de la región (7,2% el país más ineficiente), e indicándose que se trata del país más eficiente (1,8% del PIB), puede resultar enaltecedor, pero al mismo tiempo, como señala un conocido refrán: no hay peor ciego que aquél que no quiere ver. ¿Por qué? Ya se comentará; pero antes de continuar, señalar que para el BID la idea de despilfarro se asocia con tres instancias: compras del Estado (que contempla desvío de fondos, así como dineros por corrupción), salario de los empleados del sector público y subsidios.

Al revisar literatura relacionada con las finanzas públicas y su gestión, quizás una de las mayores referencias en esta área se ubica el ideario de una recaudación justa, y por otro lado, con el óptimo uso y/o aplicación de los dineros, pues se parte de una noción económica básica que es la “escasez”, y que además conlleva la responsabilidad de que estos dineros públicos provenientes en gran parte de los ciudadanos, ameritan una administración de excelencia.

Así, quedarnos anclados en la bondad de lo señalado por el BID sería un error descomunal. Hay situaciones que no han funcionado apropiadamente. Algunas de ellas no tan lejanas, que han sido y estamos siendo informados, para darnos cuenta de que tal tilde amerita aterrizarlo racionalmente.  Revisar informes como el de la Contraloría en relación al quehacer de los hospitales, casos de cohecho y fraudes en algunas entidades o ramas, campañas políticas, ineficiencias como la del puente Cau Cau, desembolsos inapropiados en algunos municipios, la duda respecto a la real valía y aporte de la estructura y tamaño del servicio público, incluida inversiones, asignaciones, e incluso en torno a su recurso humano, son solo algunas de las expresiones o pensamientos ligados a la mala dirección del capital fiscal.

Sin  duda el Estado, así como quien sea que lo gobierne, sus instituciones y autoridades deben constituir prenda de garantía, responsabilidad, transparencia y probidad en la tutela de los recursos, los cuales desde hace un tiempo se viene señalando que son escasos, máxime el alicaído papel del cobre, donde la deuda se ha elevado, lo cual debe exigir una gestión inteligente, sensata y racional, y en que “ordenar la casa” debe ser un aspecto relevante, apuntando a un logro esencial en el uso de estos fondos, expresado en servicio y bienestar.

 

Autor: Mauricio Andrés Burgos Navarrete
Master y Doctorando en Finanzas
Director de la carrera de Auditoria e Ingeniería en Control de Gestión
Facultad de Administración y Negocios
Universidad Autónoma de Chile (Sede Temuco)

 

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Cobre y dólar: una relación inversa

Nuestro principal producto exportador, el cobre, es el que históricamente ha generado los mayores ingresos de divisas al país llegando a alcanzar un precio sobre los 4 US$ la libra el año 2011. Sin embargo, a partir del 2012 comienza un descenso del precio del metal en los mercados internacionales, llevándolo a cifras cercanas a los 3 US$ la libra entre los años 2013 y 2014, para luego caer bruscamente, en promedio, en torno a los 2 US$ la libra los siguientes 2 años. En el 2017, sobre todo el segundo semestre, comienza gradualmente la recuperación del precio del cobre, llegando a superar los 3 US$ la libra, con un buen margen a favor, lo que ha permitido que el precio del metal rojo haya sido cotizado, al menos hasta el primer semestre del 2018, en torno a los 3,2 US$ la libra.

No obstante, esta favorable situación, parece hoy revertirse drásticamente, en gran medida por los conflictos comerciales entre China y EEUU, quienes han entrado en una “Guerra Comercial” aplicándose, unilateralmente, aranceles y otras barreras al comercio exterior. A lo cual, se suma las drásticas medidas de austeridad fiscal tomadas por el gobierno de Mauricio Macri, dada la crisis económica que enfrenta Argentina. Todo lo cual ha generado gran incertidumbre en la economía mundial y regional, haciendo caer las bolsas de comercio y también las expectativas de los inversionistas. Es así como a partir de julio de este año, se observa una caída de la cotización de la libra de cobre en la Bolsa de Metales de Londres por debajo de los US$3 la libra.

La baja del precio del cobre provoca una disminución significativa del ingreso al país de la divisa norteamericana, provocando un déficit cada vez mayor en cuenta corriente. Cabe recordar, que el año pasado tal déficit alcanzó los US$4.146 millones, equivalente a 1,5% del PIB anual. Esto genera una disminución relativa de la oferta de dólares en el país, ceteris paribus, lo que conlleva el alza del precio del dólar y la consecuente depreciación de la moneda nacional, la que se ve muy expuesta a los flujos de capitales internacionales, dada nuestra gran apertura comercial.

Si a esto le agregamos la lenta, pero positiva recuperación de la economía estadounidense y las mejores expectativas de crecimiento, con un ritmo de creación de empleos superior a lo esperado, con una caída de la tasa de desempleo, hacen pensar que la economía del gigante del norte se está robusteciendo y con ello también se aprecia consecuentemente su moneda y se deprecia la nuestra. Lo cual también podría llevar a la reserva federal de EEUU seguir aumentando los tipos de interés que harían más atractivo los capitales especulativos hacia ese mercado, incluyendo capitales nacionales que eventualmente emigrarían a Norteamérica en busca de mayores retornos, haciendo aún más escasos los dólares en Chile y, por ende, el aumento del dólar sea aún más profundo.

La siguiente gráfica muestra el comportamiento del precio del cobre versus el dólar en Chile durante el 2018, donde se observa claramente una tendencia alcista de la divisa norteamericana y una tendencia a la baja del precio del cobre, evidenciándose la relación inversa entre el precio del cobre y el precio del dólar.

Gráfico: Evolución del Precio del Cobre versus el Precio del Dólar. Chile 2018.

Fuente: Elaboración propia en base a datos de Cochilco y el BCCH

Impacto del alza del dólar en actividades económicas

Sin duda, la depreciación de la moneda nacional afecta negativamente el precio de los bienes importados de consumo final, como así también los bienes intermedios e insumos necesarios para la producción interna. En tal sentido, el aumento del precio de la energía será el alza que mayormente afectará a la población, en especial, por su impacto en los costos de producción dentro del país y la consecuente alza de los precios internos. Pero adicionalmente, se verán aumentados los precios de los bienes durables importados, como es el caso de los automóviles, los electrodomésticos, maquinarias y equipos en general.

Lo positivo de la depreciación del dólar es, sin duda, los mayores ingresos de los exportadores nacionales, que para nuestra región cobra una vital importancia para el sector agrícola forestal, ambos sectores económicos exportan gran parte de toda su producción al mercado estadounidense, el que está aumentando su demanda producto de su recuperación económica, lo que ha impulsado positivamente el desarrollo de estas actividades económicas el presente año.

Riesgos asociados a las variaciones del precio del dólar

No obstante la tendencia al alza del precio del dólar, no se debe obviar el riesgo asociado a la volatilidad que ha evidenciada el precio del  dólar en Chile. Lo que da cuenta también de un  riesgo  por convertibilidad, la que consecuentemente se transfieren a las decisiones de producción, ahorro e inversión. Debiendo las empresas resguardar, por un lado, sus costos de producción y, por otro, sus ingresos, cuando ellos estén expresados en dólares. Es así como, el productor debe garantizar cierto margen de ganancia por su actividad económica, para ello lo más aconsejable es tomar los resguardos de seguro de tipo de cambio para todos aquellos flujos que estén expresados en dólares. Para tal efecto, los contratos forward de divisas pueden ser una buena alternativa.

Para el caso de las personas, en cuanto a sus decisiones de ahorro e inversión, se debe tener en cuenta que la volatilidad del dólar hace muy difícil su proyección en el mediano plazo, por lo tanto,  no es aconsejable especular con él para las decisiones de ahorro e inversión personal, aun cuando todo haga pensar que hoy es conveniente invertir en dólares. Las economías pequeñas como Chile, pueden verse rápidamente muy afectadas por los flujos de capitales, modificando de la “noche a la mañana” drásticamente el valor de la divisa, con la consecuente pérdida que ello habitualmente provoca. Por tanto, en vez de “comprar dólares hoy para vendernos mañana” es recomendable ahorrar en pesos, ya sea a través de depósitos a plazo o en fondos mutuos de renta fija. En el entendido, que nuestra moneda nacional sigue siendo muy estable y ha demostrado una gran fortaleza durante las últimas crisis económicas en el mundo.

 

Informe preparado por el Dr. Guillermo Riquelme Silva
Economista e Investigador del Centro de Estudios y Gestión Social (CEGES)
Universidad Autónoma de Chile

 

 

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Morosidad y responsabilidad

Al mencionar palabra morosidad, suele obtenerse como respuesta por algún afectado, cuya culpa resiente, un sonrojar, o bien, una mirada distraída. Incomoda. Y ello, porque dicho estado revela un incumplimiento a una obligación personal, comercial y/o financiera, detrás de la cual puede haber un sinnúmero de explicaciones, unas justificables, en tanto otras, no.

En lo financiero, ha resaltado en los primeros días de agosto, los resultados del XXI Informe de Deuda Morosa preparado por la Universidad San Sebastián con información provista por Equifax, referida al segundo trimestre de 2018, y en el que destaco: a) las personas en mora alcanzan a 4.482.547, lo que representa un incremento del 2,8 por ciento, respecto del mismo informe del año pasado; b) el sector de retail y banca concentran la mayor cantidad de morosos (44% y 29%); c) del total de morosos, un 42% trabajan por cuenta propia, y de ellos un 35% tienen un trabajo formal, en tanto los otros, lo hacen informalmente;  c) las mujeres superan levemente en cantidad a los hombres (2.298.313 vs. 2.184.334); y d) en ambos casos el sector más comprometido es la banca (50% y 60%).

El  informe, que en si constituye una importante contribución a la comprensión de los comportamientos de pago en el tiempo, adquiere más relevancia al identificar en la evolución de los grupos, el deterioro de los trabajadores por cuenta propia, segmento que a primera vista se percibe de mayor vulnerabilidad, primero, por su estabilidad monetaria, y segundo, en relación a su capacidad de respuesta ante compromisos financieros, lo cual a priori, lo convierte en un objetivo de crédito riesgoso, y por tanto de atención.

En general, cuando se trata de fijar el estado de vencimiento de una deuda, éstas se pueden calificar conforme al criterio de la SBIF en: 1° Morosa, cuando el retraso en el pago va de 1 a 89 días; 2° Vencida, la que tiene más de 90 días; y 3° Castigada, cuando se han agotado las posibilidades de recuperación de lo adeudado. Basado en lo anterior, sería de interés y clarificador si el concepto de deuda atrasada para su monitoreo pudiese ser desagregado con algo más de detalle, a fin de tener un panorama más preciso y claro del grado de deterioro. Por otra parte, considerando la fragilidad de los trabajadores por cuenta propia, debido a su condición laboral predominante, y el sector con el que existe más compromiso, sería importante salvaguardar desde la autoridad, vía la generación de directrices apropiadas y actualizadas para el otorgamiento de crédito a este grupo, a fin de reducir el riesgo de impago.

Mauricio Andrés Burgos Navarrete
Master y Doctorando en Finanzas
Director de la carrera de Auditoria e Ingeniería en Control de Gestión
Facultad de Administración y Negocios
Universidad Autónoma de Chile (Sede Temuco)

 

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Crédito fuera de juego

La Real Academia Española, nos indica que la palabra “informal” tiene como uno de sus sentidos aquello “que no guarda las formas y reglas prevenidas”. Si a ella le incorporamos el vocablo “crédito”, creamos una mixtura que no todos identifican o comprenden. No obstante, es un tema que no sólo afecta a lo local, sino que también al resto de países latinoamericanos, y que para hacer una idea, basta buscar en Internet por ejemplo la frase “crédito gota a gota”.

¿Por qué la inquietud? Pues a raíz de los resultados obtenidos de la última encuesta de Alfabetización Financiera que desarrollaron la Universidad de Chile y la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras, se evidencia una evolución al crecimiento del crédito informal,  avanzando de un 8,1% (2015) al 14,3% (2017); es decir, casi se duplica. En estos números hay elementos de interés que surgen, ya que en informe publicado en febrero  de 2018 se señala que su uso se está asentando en sectores vulnerables, en tanto que en el reporte presente, se resalta particularmente al segmento juvenil. En general, debemos comprender que este “crédito” involucra condiciones “algo abusivas”, ya sea en la forma de pago,  el costo involucrado,  las reglas “difusas”, inexistentes o complejas de fiscalizar, y que sumados a la necesidad y/o la vulnerabilidad de los solicitantes es caldo de cultivo para que prolifere.

Al tratar de descubrir las razones que llevan a recurrir a esta instancia, probablemente encontremos como barreras de acceso al crédito formal: a) los deficientes antecedentes comerciales; b) los ingresos líquidos mínimos exigidos; c) los requisitos complementarios de acceso al crédito; d) el valor del crédito requerido fuera del mínimo a otorgar; e) la urgencia en la respuesta a la aprobación y disposición del crédito; f) el desconocimiento de otras alternativas e instancias de financiamiento; y g) la deficitaria o nula educación financiera.

La preocupación no solo debe ser de un sector, sino que debe sumar a otros, por ejemplo, educación, así como también instancias gubernamentales, que reflexionen y respondan al problema – en lo normativo , procedimental y/o formacional – asumiendo la relevancia de  salvaguardar a los sectores vulnerables, pues hoy, esta realidad latente contrasta con las miradas positivas e indicadores país de inclusión financiera y bancarización, ya que su uso no sólo involucra riesgos financieros y sociales a los eventuales usuarios, sino también a sus familias. De ahí, el grito de auxilio por mecanismos de financiamiento apropiados, que mejoren el esfuerzo que realiza, por ejemplo, la Dirección General de Crédito Prendario.

Mauricio Andrés Burgos Navarrete
Master y Doctorando en Finanzas
Director de la carrera de Auditoria e Ingeniería en Control de Gestión
Facultad de Administración y Negocios
Universidad Autónoma de Chile (Sede Temuco)

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Pago oportuno

Probablemente, una imagen que se nos viene a la mente cuando se trata de visualizar la relación comercial entre partes, es un proceso en la que una trata de obtener ventajas sobre la otra. Así, algunas prácticas en el entorno no dejan de sorprendernos, particularmente cuando se produce “un abuso” de la posición dominante del pagador al prestador de servicios o proveedor, en que  por efecto “natural”, el “favorecido” normalmente es “el más fuerte”, lo que se expresa en plazos de pago muy extensos, o bien en el no cumplimiento del pago en la fecha comprometida, lo cual en el caso de empresarios individuales o empresas con estructuras patrimoniales muy débiles, micro o pequeñas, sucumben monetariamente al no tener capacidad para enfrentar sus obligaciones, dificultando su accionar, su supervivencia y sostenibilidad en el tiempo.

Por lo anterior, genera expectativas favorables el reciente anuncio del Gobierno, al amparo de la Agenda Propyme,  el lanzamiento de proyecto legislativo denominado Ley de Pago Oportuno, el cual pretende que las empresas privadas cancelen las facturas a las Pymes en un plazo no mayor de 60 días. En tanto el sector público,  que incluye a los Servicios de Salud, la Central de Abastecimiento del Sistema Nacional de Servicios de Salud (CENABAST), y Municipalidades, se fijó un tiempo de instalación y operatividad a tres años desde publicada la ley, fijando como plazo máximo de pago a 30 días. Hay que comprender que encuestas sobre comportamiento de pago de entidades estatales acusan a los municipios y hospitales, en donde el primero congrega quejas por un  78%, mientras el segundo, un 16%.

Si bien, la idea contempla la aplicación de multas e intereses en el caso de no cumplirse con los tiempos establecidos de pago, surgen algunas inquietudes las cuales se espera estén contempladas en el proyecto de ley a fin de que el esfuerzo legislativo, procedimental y normativo realizado, logre los frutos esperados: a) quién y cómo se financiará la instancia que se encargará de velar por el control, alerta, seguimiento y aseguramiento del cumplimiento de las obligaciones?; b) las multas e intereses tendrán el carácter de “ejemplificadoras”, desincentivando potenciales prácticas abusivas de no pago oportuno debido a la existencia de sanciones monetarias “blandas”, c) el Estado en un ejercicio de compromiso e igualdad y mostrando ejemplo al sector privado,  por qué no consideró al menos un proceso gradual en el tiempo de adhesión de sus instituciones a este pago oportuno?; y por último, d) por qué se debe llegar a normar algo que debiese suceder de manera fluida en una relación, en la cual prime el respeto, compromiso y responsabilidad comercial mutua?

 

Mauricio Andrés Burgos Navarrete
Master y Doctorando en Finanzas
Director de la carrera de Auditoria e Ingeniería en Control de Gestión
Facultad de Administración y Negocios
Universidad Autónoma de Chile (Sede Temuco)

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Trabajo, tecnología y utopía

El filósofo y sociólogo norteamericano Lewis Munford, señala en su texto: “Historia de las utopías” que el hombre habita dos mundos, la utopía (buen lugar o no lugar) es uno de ellos. Es esa capacidad de imaginar el mundo la que nos hace humanos afirma el autor, así sólo cuando se abre una brecha entre el mundo cotidiano y el de la utopía reparamos en nuestra voluntad de imaginar y percibimos a la utopía como una realidad separada. Menciono esto a propósito de la imagen de uno de los candidatos presidenciales que  indicó el riesgo de la robotización y la posibilidad que  estos “seres” automatizados nos despojen de nuestras actividades cotidianas. La imagen de los robots suplantándonos en nuestros trabajos, y quizás en otros aspectos de la vida –la cual parecer más una “distopía” por su cariz negativo- me hizo recordar una imagen muy frecuente de la década de los noventa, la que vinculaba también trabajo y tecnología, el “trabajo online”.

Recuerdo que éste era presentado por algunos agoreros como una gran revolución, que no sólo iba a afectar la producción y la productividad sino también transformaría (para bien) nuestras vidas. Así, muchas personas ya no deberían trasladarse al trabajo utilizando, sobre todos aquellos de las grandes ciudades, parte de su día en extensos y agotadores traslados;  muchos otros podrían compatibilizar su vida laboral y familiar, debido a que no deberían abandonar sus hogares para trabajar; la gran mayoría ya no estaría cautivo de esa arcaica práctica de marcar su ingreso y salida del lugar de trabajo -la cual finalmente no asegura que uno trabaje sino sólo que se encuentra en el lugar del trabajo-, ya que ahora lo importante sería la labor que uno realiza y no donde la realiza. Toda una utopía.

Es innegable que internet ha facilitado y mejorado la productividad de múltiples faenas, especialmente aquellos de mayor calificación.  La red  pasó a formar  parte de la vida laboral de la mayoría de los chilenos, pero esto se encuentra lejos de la imagen idílica de los noventa. Seguimos dirigiéndonos a nuestros lugares de trabajo en traslados que emplean gran parte de nuestro día, no se puede negar que Internet ha ayudado a distraernos durante estos trayectos. Por su parte, nuestro horario laboral hace bastante difícil la vida familiar, sin lugar a dudas la web ha permitido mantener a la familia conectada durante esta jornada. Pero, así como internet entrega la posibilidad de mantenerse comunicado con la familia y amigos durante la jornada laboral, también ha permitido mantenerse trabajando durante nuestros horarios “libres”.

Creo que no pocas personas se han visto enfrentadas a mensajes electrónicos de carácter profesional fuera de la jornada de trabajo, e impelidos a contestar esos mensajes bajo el riesgo de ser considerado “poco comprometido” con sus labores; cuestión que por supuesto nadie quiere. Sólo un ejemplo, en Francia el año 2014 se acordó una normativa que prohibía a empleadores enviar correos electrónicos a sus empleados fuera de horario laboral, a riesgo de una sanción. A pesar de la dificultad de implementar esta normativa, el caso francés nos permite observar dos cosas.  1- Que está realidad no es exclusiva de Chile y; 2- Que en nuestro país no se ha hecho nada al respecto. Aquí es donde se abre la brecha entre utopía y “realidad”.

Hace no mucho tiempo una de nuestras representantes puso en discusión el tema de la “jornada laboral”.  Debate interesante si consideramos que Chile es uno de los países de la OCDE -naciones con las cuales nos gusta compararnos- donde la jornada es más extensa. Tal vez deberíamos aprovechar esta oportunidad para discutir no sólo la duración de esta jornada  sino también su sentido en la sociedad actual. Creo que nadie podría señalar hoy por hoy que el fin de la jornada laboral hace referencia sólo al abandono de nuestros lugares de trabajo, sino que, principalmente, a dejar de realizar las tareas que denominamos como trabajo.

La preocupación por la posible pérdida de puestos de laborales producto de la robotización es una discusión que debemos tener, quizás ahora es el momento. Como toda nueva técnica, la producción controlada por robots entraña un riesgo, pero a su vez podría convertirse en una posibilidad. Posibilidad por ejemplo, de dedicar parte de nuestra jornada a la vida familiar, asociativa, a actividades deportivas,  a la entretención o el ocio; cuestión que los países centrales efectúan hace ya bastante tiempo. Lo anterior, quizás bajaría en algo los niveles de stress de nuestra sociedad. El imaginar cómo queremos que sea nuestro futuro es parte de su construcción. Sin embargo,  así como debemos discutir este tema, con más premura deberíamos reflexionar sobre ¿qué se considera trabajo en la sociedad actual y cuáles son sus características? Pues entre otras cosas, el “trabajo online” llegó pero no como soñábamos.

Dr. Felipe Tello, investigador del Centro de Estudios y Gestión Social (CEGES) de la Universidad Autónoma de Chile – sede Talca

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Migración extranjera, desigualdad territorial e información

El número de inmigrantes en Chile se eleva visiblemente. Según estimaciones, existirían alrededor de 465 mil personas inmigrantes en Chile –datos CASEN 2015 -. Por su parte, el número de visas de permanencia para el año 2016 se incrementó considerablemente en relación al año anterior, llegando a 53.622 –datos del Departamento de Inmigración y Extranjería-. Es un hecho que el proceso de migración extranjera se ha desarrollado de manera desigual, con una gran concentración en el norte y la capital del país. Más allá de esta apreciación, existe escasa información sobre la distribución espacial de los migrantes extranjeros en Chile, y su impacto en los territorios.  Sólo un dato: en la región del Maule el 48,9% de los migrantes se concentra en la provincia de Talca –datos del Departamento de Inmigración y Extranjería-.

La migración humana de un hábitat a otro genera una diversidad de efectos en las áreas geográficas receptoras. Estos cambios se aprecian quizás de manera más evidente en el terreno de la actividad económica. La inmigración implica el traslado de un “estilo” de trabajar. Por su parte, en el terreno del capital humano de un país y su relación al mercado del trabajo, el impacto de la migración extranjera puede ser variable, puede conducir desde una mejora en la calidad de los recursos humanos disponibles en una economía regional, hasta procesos de desigualdad social producto de las diferenciales de capital académico entre personal nacional y extranjero. En el caso de los migrantes extranjeros de la provincia de Talca, los datos oficiales señalan, por ejemplo, que la mayor parte de ellos posee educación universitaria.

Si consideramos el problema de generar un buen estilo de vida para la totalidad de la población regional, no podemos obviar el impacto político que tiene el tema de la migración. En este sentido, resulta necesario pensar en políticas públicas que apunten a gestionar la interculturalidad de facto que se vive cotidianamente en la región, provincias y ciudades del Maule. El primer paso para ello es contar con información veraz y oportuna. En esto, el gobierno regional, como los gobiernos provinciales y las municipalidades tienen un rol relevante que jugar.

Dr. Felipe Tello y Mg. Jaime González, investigadores del Centro de Estudios y Gestión Social (CEGES) de la Universidad Autónoma de Chile – sede Talca

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El imperativo de la formación universitaria es la calidad

Ya desde la ética kantiana nos encontramos con una deontología que, mediante imperativos, guía el deber ser moderno occidental. Desde ahí, la responsabilidad para con la calidad no podría asumirse como hipótesis, sino como un fin de carácter universal y necesario en la educación, impulsando a los universitarios a prepararse no sólo para el “mundo del trabajo” sino, ante todo, como ciudadanos comprometidos con el desarrollo de su país. Ser profesional sería, también, ser capaz de contestar a las transformaciones económico-productivas, sociopolíticas, culturales y científico-tecnológicas de una era dominada por las comunicaciones, la información y el conocimiento globalizado.

No olvidemos que las carreras no son áreas de acopio o cautiverio de cardúmenes, son espacios de construcción del conocimiento para la acción, donde se cultiva el potencial humano de los estudiantes, sin atraparlos en el déficit, la carencia o la insuficiencia. Deben aceptarse como protagonistas y no como fiduciarios de un modelo de educación impositivo o mono-causal, reconociendo en ellos atributos de excepcionalidad, diversidad y pluralidad, para que se hagan responsables de todo cuanto la sociedad ha hecho con y de ellos, legitimando el cómo se comprometen con su propia existencia y con lo social.

Eso, conlleva un adeudo para con los derechos y deberes de quienes estudian, sin sujetamiento a un patrón clientelar de transacción, adquisición o consumo de servicios. La educación potencia agentes reflexivos y reales, destacando la riqueza del pensamiento, la argumentación y la capacidad deliberativa de los estudiantes, en tanto atributos socio-ético-políticos donde las institucionalidades universitarias incentivan y modelan autonomías con autenticidad creadora y recreadora en sus modos de ser, pensar, estar y hacer lo público.

La ruta de la calidad nos ha de llevar a democratizar los procesos de aprendizaje, adquisición y generación de conocimiento, comprensión y diálogo sobre lo que los países han sido, son y pueden llegar a ser, rompiendo el constructo “discípulo-maestro” para generar nuevas relaciones de saber-poder, enlazando visones disciplinares con perspectivas científicas, políticas, civiles, económicas, culturales, institucionales, etc.,  problematizándolas y gestando propuestas que contribuyan  al bien común, a través de  profesionales  vanguardistas, líderes y leales con la prosperidad de sus sociedades. Claro que, la tarea es ardua, cargada de desafíos y de una incansable búsqueda de alternativas.

Dr. Víctor Yáñez, Vicedecano Facultad de Cs. Sociales y Humanidades y Director del Centro de Estudios y Gestión Social (CEGES) de la Universidad Autónoma de Chile – sede Talca

 

 

 

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El Fenómeno de la migración de extranjeros a Chile y la nueva Ley de Migraciones

La migración de extranjeros a Chile se ha convertido en un fenómeno socioeconómico de mucha relevancia que afecta a gran parte del territorio nacional. Dejando muy atrás la acotada y tradicional migración fronteriza, especialmente, en el norte de Chile o en la capital, Santiago.   Es tan grande el crecimiento de la migración en los últimos años que, según datos del propio Departamento de Extranjería y Migración de Chile, entre el 2015 y el 2016 los extranjeros que solicitaron visa para ingresar al país ascendieron a 273.257 personas. Del total de estas visas, el 21,2% corresponden a ciudadanos peruanos, seguidos de colombianos con 17,7%, haitianos con 16%, venezolanos con 14,7% y bolivianos con 13,3%. No obstante, existe también una no despreciable cifra de migrantes a Chile desde el viejo continente con altos niveles educativos, que han debido salir de sus países ya sea por razones de crisis económicas y/o sociopolíticas.

Actualmente en Chile existen aproximadamente 600.000 residentes extranjeros, lo que equivale a un crecimiento de un 300%, respecto de los residentes extranjeros del año 2006, que eran en torno a las 150.000 personas. Sin duda, en los últimos 2 años la atracción de los migrantes por venir a Chile ha sido fundamentalmente por motivos laborales (70% de las visas), lo que da cuenta de la buena imagen económica y de estabilidad social y política que tiene el mundo respecto de Chile, especialmente, Latinoamérica.

Ahora bien, en lo que respecta a lo económico, el análisis del mercado del trabajo en Chile es fundamental para evaluar el impacto del crecimiento de la migración extranjera. Por lo que se considera prioritario caracterizar el capital humano de los migrantes extranjeros que habitan en las diversas regiones de Chile y relacionarlo con las ocupaciones que estos ejecutan en el mercado del trabajo local. De esta manera se podría correlacionar el capital humano del migrante extranjero y su inserción en el mercado del trabajo.

Lamentablemente, en Chile se puede constatar un vacío científico, identificado en los estudios sobre migración internacional.  En este sentido, se observa la ausencia de un tratamiento socioeconómico, sobre la incidencia del flujo de personas extranjeras en el mercado del trabajo regional y nacional.

Un aspecto no menos relevante, tiene que ver con los efectos de un estudio de estas características en la investigación aplicada. Hacemos mención a esto, debido a que –producto de las características del objeto de estudio—una caracterización del capital humano extranjero podría proporcionar herramientas para el diseño de políticas públicas a escala regional, al permitir contrastar el capital humano migrante con las matrices de producción-empleo que presentan las distintas regiones de Chile.

En este sentido, se proporcionaría un gran aporte a la comprensión de la “nueva realidad” regional ligada a la situación de los migrantes extranjeros y su vida laboral, así como a los ajustes necesarios en el mercado laboral local.

Si bien el reciente ingreso al congreso nacional de un proyecto de Nueva Ley de Migraciones parece ser un aporte a la discusión, hay muchos “espacios del fenómeno” que parecen no tener ninguna reflexión mayor y menos aún una aplicación real.

Dr. Guillermo Riquelme, Economista e Investigador del Centro de Estudios y Gestión Social (CEGES) de la U. Autónoma de Chile – sede Talca

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Debates que no se pueden ganar (ni perder)

Hace algún tiempo la opinión pública chilena muestra una admirable diversidad. Las discusiones en los medios o los ambientes académicos se enriquecen diariamente de miradas, argumentos, ideologías y propuestas que piensan el país deseado y hacen valer sus posiciones, a pesar de que muchos llevamos aún la pesada carga de un pasado dictatorial, donde primó por décadas la doctrina de una sola verdad, un solo principio, un solo país, un solo futuro y un solo pasado. Un ejemplo cercano es justamente este medio y sus espacios para la opinión y las discusiones. Si bien es cierto que hay muchas voces que esperan hace tiempo su turno y son muchos los temas que quedan por discutir, se tienen ya algunos puntos de partida.

En un escenario que se antoja primaveral, uno puede preguntarse con justicia si todas nuestras discusiones tienen verdaderamente algún sentido. La cada vez más preocupante y generalizada corrupción, el ideal de un mercado perfecto que ha demostrado que solo lo es bajo estrictas condiciones de laboratorio (es decir, cuando se lo aísla de toda realidad) o la triste humanidad de los líderes religiosos pedófilos y las cofradías que los han protegido, por solo recoger algunos brotes del jardín como ejemplos, no hacen prever un mejor futuro o un espacio para que triunfe la razón o el mejor argumento. Peor aún, la vieja demagogia hoy rebautizada como posverdad, prolifera y se esparce por ese espacio sin espacio que son las redes digitales que están en todos lados y en ninguno –como dijo bellamente Huidobro a propósito de la música. ¿De qué podría servir un debate informado y con pretensiones de verdad –aunque sea una verdad provisoria– si en definitiva las cosas van, como siempre, al despeñadero?

Si es que vale la pena seguir debatiendo sobre el aborto, el matrimonio igualitario, la igualdad educativa, la colusión de las empresas, la discriminación o las migraciones, etc., y si mantenemos la expectativa que estas discusiones tengan en perspectiva decisiones que afecten no solo la vida privada de cada persona, sino que a la sociedad en su conjunto, entonces debemos reconocer algunos contornos de aquello que nos convoca.

Lo primero debe ser reconocer que, por mucho que se avance, los debates no se pueden ganar ni perder y esto no debiera desanimar a nadie. La síntesis de posturas opuestas (síntesis positiva, supuestamente con Hegel, o negativa, explícitamente con Adorno) no es más probable que el mantenimiento de las diferencias, ni las conciliaciones son más definitivas a causa de él. Si bien se pueden hacer esfuerzos por lograr el consenso sometiendo la propia argumentación a los principios de la verdad, veracidad y rectitud (la trinidad moral de Habermas), a un imperativo kantiano de las “buenas” intenciones o a un imperativo weberiano de la responsabilidad, en la búsqueda de la unidad, se asoma siempre la diferencia.

So pena de irritar a ateos y religiosos, sus discusiones son un diáfano ejemplo de esta diferencia. En este caso, se trata de posturas que no solo son totalmente irreconciliables, sino que además se fagocitan por completo una a la otra. Así, cuando los debates sobre temas como la vida, la muerte, el amor o la justicia se llevan a este terreno, se sabe que no es posible ganar ni perder. Teísmo y ateísmo se disputan el carácter universal de sus visiones de mundo, pero ninguno puede asumir que se trata, en ambos casos, de una mera perspectiva y que así pueden llegar a un acuerdo. Si lo hacen, desaparecen. Lo que la creencia religiosa protege con el secreto, el misterio o la entrega pasional a lo desconocido e infinito, el ateísmo lo defiende con el convencimiento de la civilidad secular por el logro de la razón o la prueba empírica. El objeto en la refriega tiende a adoptar la forma de un valor paradojal, pues quiere ser universal, pero ha nacido de lo particular. De este modo, si es cierto que la religión no debiese imponer su verdad sobre la vida o el amor, pues los no-religiosos no pueden verse obligados a acatar las normas emanadas de entidades que no existen o que, al menos, nadie ha elegido democráticamente como representantes, es también cierto que la pretendida tolerancia ateísta hace cortocircuito cuando se quiere asumir como un meta-universalismo que acoge todos los posibles universalismos como si estos fuesen verdades parciales o creencias que –a pesar de estar erradas– se deberían tolerar. Pero, ¿por qué un religioso debería aceptar esta supremacía, si tampoco se puede demostrar empíricamente que el mundo secular tenga hoy, o pueda alcanzar mañana, una verdad en sus propios términos? El meta-universalismo secular puede ser visto sin problemas como un particularismo disfrazado que es incapaz de reconocer que, con todo, no es más que una perspectiva.

La arena donde se desenvuelven temas como este se llama política y es mejor aceptar que no se la puede extirpar de la vida social ni ponerla en segundo plano. Pero también es recomendable asumir que la política no resulta ni en unidad ni paz perpetua, sino que esta es oscilación entre partes que se oponen y que subsisten gracias a esta oposición, pues a ambas se abre la posibilidad, no de aceptar el mejor argumento, sino de mantener su verdad cuando las condiciones les son favorables. Si no existiese esta posibilidad, no existiría política sino pura fuerza bruta que, de todos modos, no puede contener que en su periferia se multiplique la política bajo el signo de la oposición. La salida al debate político se encuentra así fuera de él, pero no bajo la forma de una solución –en un sentido químico– donde se disuelven o diluyen los opuestos, sino como una decisión que divide, manteniendo la oposición o creando una nueva. Así, siempre habrá debates para el votante, el anarquista, el parlamentario, el ejecutivo, etc., mientras exista en el horizonte las decisiones y la oposición.

Detrás de la argumentación anterior hay una paradoja que no voy a ocultar. Si es que hay posturas que demandan universalismo de sus ideas o valores (igualdad, justicia, felicidad, etc.), pero las posiciones son inevitablemente particularistas, entonces el análisis que se haga de ellas es también, nada más que una perspectiva. No puede ser de otro modo. Pero ¿se debe considerar esto como una debilidad o como un argumento posmodernista, nihilista, cínico o naif? Esta podría ser la intención, si es que al final estuviese la común crítica de la verdad o del poder, la defensa del laissez faire, o la creación de un espíritu absoluto que dé cuenta de todo. Pero mi propósito es menos pretensioso, pues es una recomendación para la praxis de observación de la sociedad y no un lugar mejor para observar. Así, en lugar de alimentar la imagen de un futuro que nunca llega, se debiera considerar con la mayor seriedad la sencilla propuesta que hicieran hace algunos años Humberto Maturana y Francisco Varela acerca del conocimiento, y que se resume en su conocido aforismo: todo lo dicho, es dicho por alguien. Si se lleva esto a la observación de nuestra sociedad, se amplían los horizontes y se hace necesario preparase a mirar al mundo como una inagotable contingencia.

Hugo Cadenas, Académico Investigador del Instituto de Estudios Sociales y Humanísticos, Universidad Autónoma de Chile

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