Morosidad y responsabilidad

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Al mencionar palabra morosidad, suele obtenerse como respuesta por algún afectado, cuya culpa resiente, un sonrojar, o bien, una mirada distraída. Incomoda. Y ello, porque dicho estado revela un incumplimiento a una obligación personal, comercial y/o financiera, detrás de la cual puede haber un sinnúmero de explicaciones, unas justificables, en tanto otras, no.

En lo financiero, ha resaltado en los primeros días de agosto, los resultados del XXI Informe de Deuda Morosa preparado por la Universidad San Sebastián con información provista por Equifax, referida al segundo trimestre de 2018, y en el que destaco: a) las personas en mora alcanzan a 4.482.547, lo que representa un incremento del 2,8 por ciento, respecto del mismo informe del año pasado; b) el sector de retail y banca concentran la mayor cantidad de morosos (44% y 29%); c) del total de morosos, un 42% trabajan por cuenta propia, y de ellos un 35% tienen un trabajo formal, en tanto los otros, lo hacen informalmente;  c) las mujeres superan levemente en cantidad a los hombres (2.298.313 vs. 2.184.334); y d) en ambos casos el sector más comprometido es la banca (50% y 60%).

El  informe, que en si constituye una importante contribución a la comprensión de los comportamientos de pago en el tiempo, adquiere más relevancia al identificar en la evolución de los grupos, el deterioro de los trabajadores por cuenta propia, segmento que a primera vista se percibe de mayor vulnerabilidad, primero, por su estabilidad monetaria, y segundo, en relación a su capacidad de respuesta ante compromisos financieros, lo cual a priori, lo convierte en un objetivo de crédito riesgoso, y por tanto de atención.

En general, cuando se trata de fijar el estado de vencimiento de una deuda, éstas se pueden calificar conforme al criterio de la SBIF en: 1° Morosa, cuando el retraso en el pago va de 1 a 89 días; 2° Vencida, la que tiene más de 90 días; y 3° Castigada, cuando se han agotado las posibilidades de recuperación de lo adeudado. Basado en lo anterior, sería de interés y clarificador si el concepto de deuda atrasada para su monitoreo pudiese ser desagregado con algo más de detalle, a fin de tener un panorama más preciso y claro del grado de deterioro. Por otra parte, considerando la fragilidad de los trabajadores por cuenta propia, debido a su condición laboral predominante, y el sector con el que existe más compromiso, sería importante salvaguardar desde la autoridad, vía la generación de directrices apropiadas y actualizadas para el otorgamiento de crédito a este grupo, a fin de reducir el riesgo de impago.

Mauricio Andrés Burgos Navarrete
Master y Doctorando en Finanzas
Director de la carrera de Auditoria e Ingeniería en Control de Gestión
Facultad de Administración y Negocios
Universidad Autónoma de Chile (Sede Temuco)

 

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